Las Emociones

En cuanto a las emociones, aún vivimos en tiempos de las supersticiones. Imaginamos que somos realistas y que las hemos abandonado cuando no es así. Alguna vez leí o me contaron de una tribu que cada día celebraba la salida del sol dando gracias y haciéndole ofrendas para que se dignara a salir otro día, incluso creo recordar que alguien se quedaba vigilando toda la noche creyendo que, de no ser así, él no saldría. Y, evidentemente, después del ritual él salía. Este rito se tenía que repetir una y otra vez para que no se quedara la oscuridad de la noche.

Es muy fácil ver las supersticiones del pasado, de hecho hay muchísimas, pero solemos estar ciegos a nuestras supersticiones diarias. Una de las más importantes es la relación que mantenemos con las emociones. Nos solemos aferrar a ellas como si fueran señales de Dios, como indicios de haber sido expulsados del jardín del Edén. Por ejemplo, puede que surja miedo en un momento dado, tal vez como parte de nuestra programación genética que está diseñada para la supervivencia. Como hemos leído muchos libros que nos dicen que si hay miedo no puede haber amor, nos preocupa mucho el tenerlo. Y entonces dedicamos una gran cantidad de energía a liberarnos de él. Esta es una conducta supersticiosa. Queremos liberarnos de las supuestas emociones negativas y, por eso, para ¨trabajar¨ con ellas, hemos construido sofisticadas técnicas psicológicas y meditativas, distintas puertas de escape. Hemos construido todo esto en torno a las creencias de que estas emociones son reales, e inherentes, que significan algo, en lugar de contemplarlas como el tiempo atmosférico. Viene una tormenta y puede ser desagradable, ciertas cosas se ven trastocadas y otras pueden quedar arruinadas, pero la tormenta pasa.
Cuando surge el miedo, la ira, o la desesperación tenemos la oportunidad de tomar un momento, de no hacer nada con ello, de no expresarlo ni tampoco negarlo, de simplemente estar lo más aquietados siendo la sensación, que es lo mismo que escuchar plenamente. Y entonces se revela algo maravilloso.

El sol nunca ha desaparecido, solo parece que haya desaparecido, pero desde el punto de vista del sol, la luz continúa estando.

¿Qué ocurriría si retirásemos el nombre que creemos es el significado de las emociones? ¿Dónde queda entonces nuestra identidad tal como la conocemos? Tal vez la identificación de toda esta subcultura considera que las emociones son prueba de la profundidad a la que hemos llegado. En comparación con la insensibilidad, la experiencia emocional quizá sea más profunda, pero en nuestra arrogancia asumimos que nuestras emociones y pasiones son son la verdad más profunda, quien somos. Cuando expresamos externamente estas emociones y pasiones, cuando cedemos a ellas nos identificamos y en realidad sólo nos distraemos de la verdadera emoción que es la llamada hacia la profundidad donde no hay ¨tú¨. No estoy diciendo que no sientas emociones, estoy insinuando que la experimentes completamente hasta su núcleo mismo. Y al decir que la experimentes no estoy diciendo que la expreses hacia fuera. La expresión de la emoción tiene su momento y lugar, pero estoy sugiriendo la experimentación directa de la emoción y es imposible que si eres supersticioso puedas vivirla sin separarte de ella, que puedas escuchar plenamente.

Tal vez alguien de aquella tribu simplemente experimentó que sin hacer el ritual, sin entender, el sol salía todas las mañanas ¡Qué alivio! Entonces esta persona pudo decir al resto de la tribu: ¡en realidad no significa mucho la noche! Pasa sin tener que hacer nada.

Cuando estás dispuesto a experimentar totalmente la emoción antes de ponerle la etiqueta de enfado, felicidad, miedo o rabia, descubrirás que en realidad ni siquiera existe. Estando dispuesto a experimentar totalmente quien crees ser, discurrirás quién eres en realidad. Solamente asumimos, y la suposición se basa en nuestras creencias y conclusiones con respecto a ellas. Todo ello nos hace mantenernos en la superficie separados de la profundidad que es la vida, experiencia directa. Cuando descubres que los fenómenos en realidad no existen como crees que lo hacen, ¡qué descubrimiento! Reconocer que cualquier apariencia que tenga un fenómeno no es nada sin la historia, y que no hace falta negarlo ni luchar contra él, él aparece y desaparece en ti.

Amor
Carles