La mente es, por definición, limitada, y por lo tanto no puede saber nunca cómo son las cosas en realidad. Tan solo puede saber cómo no son las cosas. La mente no puede saber si hay algo o no más allá de sus propios límites, ya que no puede conocer nada más allá de ellos. Puede deshacerse de sus propios sistemas de creencias o al menos ponerlos en perspectiva; está en buena posición para hacerlo, puesto que ella los creó.
¿Qué es aquello que, en la experiencia que tenemos en este momento, está innegablemente presente y no tiene dualidades objetivas? Tan solo la conciencia, el hecho de ser. Y la dos cosas juntas constituyen quiénes somos.
Podríamos decir por lo tanto, a partir de nuestra propia experiencia, que en la realidad subyacente del mundo a la que la mente y los sentidos que superponen sus cualidades, es la conciencia presente, que es la realidad esencial de quiénes somos. 
En otras palabras, la experiencia no está inherentemente dividida en un sujeto que percibe y un objeto percibido conectado por medio del acto de percibir. En vez de esto, hay una realidad ininterrumpida e indivisible que parece reflejarse a sí misma en un sinfín de objetos y entidades diferentes. Esta realidad es, de hecho y siempre, un todo perfecto.
Amor

Carles


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