Terapia

Introducción

Resulta costoso explicar en qué consiste la Presencia Biodinámica porque es una experiencia del cerebro reptiliano y las palabras se perciben con el neocortex.

Después de mi bagaje como terapeuta corporal, de Shiatsu, osteópata, terapeuta Craneosacral… hace años me di cuenta de que los pacientes muchas veces sanan a pesar de nosotros, me refiero a que algunos pacientes mejoran de sus síntomas y en realidad yo no puedo decir qué es lo que he hecho para que esto funcione. Tengo la experiencia de que el acto que sana es la plena escucha, entendiéndola como recibir lo que se nos muestra sin ni siquiera entenderlo. Es una escucha a nivel del cerebro reptiliano. Y es justo aquí donde el intelecto (neocortex) no puede atraparlo, es más, se aleja de la verdadera Escucha. Todo lo que nos ocurre viene para ser escuchado, si pudiésemos recibir esto desde la experiencia sentida de lo que está ocurriendo en nuestro cuerpo, lo que se llama enfermedad sería prácticamente anecdótico. Nuestro sistema biológico es infinitamente más inteligente que nuestro intelecto. Es más, es esa intelectualización de lo que me está ocurriendo lo que hace que me quede indigesto de la experiencia de vida.

Este enfoque de P.B. es un paradigma nuevo, no es una terapia pero tiene efectos terapéuticos. Lo más escaso en este mundo es la Escucha, estamos perdidos en la intelectualización. El intelecto (neocortex) es algo maravilloso con el se ha creado una cantidad de avances impresionantes, es una herramienta para funcionar, poder adaptarnos casi a cualquier circunstancias externa. Pero fijaos, la vida viene del interior, solo se puede vivir, no se puede entender. Podemos dejar que cada parte del cerebro haga su función y el sistema neurovegetativo se armoniza.

Todo lo que sigue a continuación es un intento de intelectualizar el trabajo, es darle de comer a la parte científica para que quizá pueda sentirse algo más tranquila y pueda dejar de interrumpir en el proceso biológico que es la vida.

Reconozco los autores que me ayudaron a esto desde hace muchas años y de su trabajo es fuente de la que he vivido y dado mi interpretación para el trabajo de Presencia Biodinámica.

Dr Hreric Laborit, Rollin Beker, DO, W G, Sutherland DO, Mikel Boxhall., Dr Petre Levin, Dr Hamer.

Un trabajo en sinergia

Toda la naturaleza está en simbiosis, en ella no existe nada que sea “maligno” o “benigno”. No se basa en la supervivencia del más fuerte sino, al contrario, en un equilibrio Biodinámico en el que todos los elementos actúan en una simbiosis, en una no-separación.

Es verdad que el león devora a la gacela, pero sólo a aquella más débil, que en la fuga queda atrás, aislada de la manada. De este modo la gacela es útil para el león porque le facilita el alimento y el león será útil al grupo de gacelas porque se comerá a sus elementos más débiles. Salir de la idea de lo que es justo y de lo que es erróneo, nos ayudará a comprender esta sinergia del movimiento de la vida. Nuestro cuerpo, lo queramos o no, forma parte de esta naturaleza y estamos bajo sus reglas.

La naturaleza nos ha dotado de mecanismos para hacer frente a situaciones “inesperadas” mediante programas biológicos que se han ido formando durante miles de años. También nos concede un tiempo útil para resolver estas situaciones que nos causan conflicto y tenemos que enfrentar o, de otra forma, morir. Esto es así porque si no podemos digerir la situación que causó el conflicto dentro de un período apropiado es porque no somos capaces de adaptarnos a la vida. Cuando las lluvias hacen cambiar al río su trayectoria alejándose del árbol, éste se activará para alargar sus raíces, hundirlas más en la tierra lo antes posible y encontrar el agua para no morir. Pero para hacer esto dispone de un tiempo determinado.

Un ejemplo: si tocamos el fuego con la mano, instantáneamente la retiraremos sin emplear tiempo en razonamientos o reflexiones filosóficas. En cambio en nuestra vida cotidiana parece que nos acostumbramos a no sentir que el fuego nos está quemando. Y después de un tiempo nos encontramos con la mano quemada, luego pensaremos que el fuego es malo. ¡Y pretenderemos que alguien nos ayude a que nuestra mano quede como antes!

Es como si en nuestra vida cotidiana nos fuese más facil continuar golpeándonos contra el mismo muro en vez de desplazarnos un poco y pasar por la otra puerta. De hecho, el cuerpo se repara a sí mismo de los primeros golpes, pero cuando supera cierto límite (patrones de vida), le es muy difícil hacerlo. Esto demuestra que el problema no es lo que desencadenó el conflicto, o que nuestro cuerpo o la naturaleza se hayan equivocado. No son las paredes o el fuego los malos, el problema es nuestra dificultad para “cambiar de lugar” y alejarnos de aquello que nos hace daño y nos mantiene disociados de la realidad.

De muy poco sirve repetirnos mentalmente que el problema que hemos tenido ya ha sido resuelto y que quedó atrás. Si la indigestión que causó el conflicto está digerida, ya no está, se borra. Quizá la confusión está en la identificación con nuestro físico y creernos que es eterno, y con esta ilusión nos concedemos el permiso para seguir dándonos golpes en el mismo muro sin considerar que tendrá unas consecuencias, en ocasiones,  irreparables.

La Presencia Biodinámica puede ayudarnos a estar más cerca del sentir verdadero, más atentos a aquello que en verdad es importante, necesario o peligroso para nosotros como personas únicas, con nuestras historias de vida, personales y colectivas.

¿QUÉ ES la Presencia Biodinámica?

La estructura del shock biológico , incluyendo la hiperactivación, la disociación y el congelamiento, está basada en la evolución de los comportamientos de supervivencia de predador-presa. Los síntomas del trauma son el resultado de una intensa e incompleta respuesta biológica de defensa frente a una amenaza, congelada en el tiempo. Posibilitando el descongelamiento de esta respuesta y, enseguida, permitiendo que ella se complete, el trauma puede ser curado.
Es un enfoque desarrollado por Carles Company, para la resolución de la disfunción. Se fundamenta en una orientación corporal, basada en la neurofisiología de interconexiones entre cuerpo-cerebro-mente y principalmente en las pistas ofrecidas por el comportamiento de los animales en la selva frente a las amenazas inevitables de la vida.

Los animales en la selva utilizan mecanismos innatos para regular y neutralizar los altos niveles de activación asociados a los comportamientos defensivos de supervivencia. Estos mecanismos proporcionan una “autoinmunidad” al shock, posibilitando que retomen el equilibrio anterior y retornen a su vida normal (eutonia), incluso después de haber vivido experiencias de gran amenaza para la vida.

Aunque los seres humanos también poseen prácticamente estos mismos mecanismos innatos de regulación, el funcionamiento de estos sistemas instintivos es frecuentemente inhibido, entre otros factores, por la parte “racional” de nuestro cerebro. Esta restricción impide la descarga completa de la activación movilizada para la supervivencia, imposibilitando que el sistema nervioso retorne a su equilibrio. La energía no liberada, permanece en el cuerpo y en el sistema nervioso. Permanece fija en un modo operante de alta activación. Los variados síntomas del trauma resultan de la tentativa del cuerpo de “administrar” y contener esta sobrecarga energética.

La PB estimula la concienciación de las sensaciones corporales para ayudar a las personas en la digestión y sanación de los traumas, al contrario de revivirlos. Con la apropiada escucha corporal de la consciencia (sensopercepción) corporal e instintiva, los individuos son capaces de acceder a sus propios recursos innatos de inmunidad al shock, permitiendo que la activación de las respuestas defensivas de supervivencia sea liberada de forma gradual y segura. Cuando estas energías son liberadas, las personas frecuentemente experimentan una dramática reducción, o simplemente el mismo desaparecimiento de sus síntomas.

Porque los eventos “traumáticos” son encuentros con el miedo a la muerte, ellos evocan respuestas extraordinarias. El proceso de transformación puede profundizar el conocimiento de sí y del otro. El viaje de sanación puede convertirse en un despertar de recursos anteriormente escondidos y propiciar un enriquecimiento personal. Con la ayuda de estos nuevos aliados, las personas pueden abrir portales para el renacimiento y lograr una mayor sensación de fluidez. La experiencia puede ser un genuino despertar espiritual, permitiendo que las personas se conecten nuevamente con el mundo.

Los síntomas del trauma no son causados por el evento amenazador en sí. Ellos aparecen cuando la energía activada en el organismo en el momento del shock no es liberada por el cuerpo. Esta energía permanece en el sistema nervioso, donde puede provocar daños a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Los animales salvajes desarrollaron la habilidad de liberarse de este exceso de energía. La llave para nosotros, humanos, para dispersar los síntomas traumáticos, radica en nuestra capacidad de imitar a los animales salvajes.

En nuestra sociedad moderna hemos perdido la atención y la escucha a la experiencia sensorial directa por lo que nos es mucho más difícil percibir nuestro sentir biológico no mediado por la mente, aquel que vive igual un ser humano que un animal, un recién nació, un feto o un anciano.

El cerebro triúnico simplificado

Los humanos tenemos un cerebro triúnico (tres cerebros que funcionan juntos como una sola mente). Dicho simplemente, esto significa que hay tres partes integrales que, en teoría, trabajan en armonía.

1. La parte «nueva» del cerebro, el neocórtex, es la responsable de la inhibición de las acciones inapropiadas, la percepción, la resolución de problemas, la planeación y otras capacidades complejas del pensamiento racional.

2. El mesencéfalo (cerebro medio), también denominado el sistema límbico o «cerebro emocional», procesa la memoria y la emoción.

3. El cerebro reptiliano (el «inferior» o «primitivo») es el responsable de la supervivencia y la miríada de funciones que acompañan los mecanismos de regulación de la existencia básica.
Cada región tiene funciones muy especializadas, y cada una habla su propio lenguaje. El cerebro pensante habla con palabras, mientras que el cerebro emocional usa el lenguaje de los sentimientos, como la alegría y la tristeza. (A los niños pequeños les resulta fácil etiquetar las emociones: enfadado, triste, contento y asustado). A diferencia de los segmentos cerebrales «más nuevos» del pensamiento y el sentimiento, el cerebro reptiliano primitivo habla el lenguaje desconocido, pero extremadamente importante, de la sedación, el sentir.

El lenguaje de las sensaciones es, para muchos, un lenguaje extraño. Hay todo un mundo de sensaciones y sentimientos basados en sensaciones dentro de ti, seas o no consciente de él. Afortunadamente, es un lenguaje fácil de aprender, y resulta igual de fundamental conocerlo cuando se viaja por el «camino hacia la recuperación» que aprender las frases básicas de supervivencia cuando se viaja al extranjero. Para poder ayudar, tienes que familiarizarte con tu propio paisaje interior antes. Lo único que necesitas es tomarte un tiempo de tranquilidad, sin distracciones, para prestar atención a cómo se siente tu cuerpo.
Las sensaciones pueden oscilar entre cambios en la presión o la temperatura de la piel hasta vibraciones, «mariposas», tensión muscular, constricción o espaciosidad, temblor u hormigueo y calor. Éste es el lenguaje del cerebro primitivo que actúa en nuestro nombre cuando hay un peligro o un cambio en el ambiente. Es un enfoque muy diferente al que la mayoría de nosotros estamos acostumbrados. No se encuentra ni en el reino del lenguaje ni en el de pensamiento, ni siquiera en el territorio de la emoción.
¡Las sensaciones se deben experimentar!

Debido a que las palabras tienen una poderosa influencia sobre nuestra capacidad para impedir o facilitar la sanación, las palabras que elegimos, el tono con el que las utilizamos y un ritmo prudente, son todos elementos fundamentales para asistir a un niño abrumado. Como la sensación da acceso a un sentimiento sin palabras de la consciencia de la energía vital, tiene la capacidad de hacer avanzar el tiempo de un pasado «atorado y fijado en un trauma» hacia la fluidez del presente. Por lo tanto, resulta de extrema importancia elegir de manera habilidosa las palabras que involucran al cerebro instintivo, no al cerebro pensante, el cual puede levantar inteligentemente un laberinto de defensas.

El trabajo consta en despertar al cerebro primitivo durmiente pasando sigilosamente alrededor del neocórtex más «elevado» para evitar estimular sus preocupaciones favoritas: racionalización, negación, juicio y culpa. ¿Cómo involucramos a este cerebro más pequeño, profundo, antiguo y sabio sin perturbar al gigante? Los instintos de sanación se pueden atraer y autorregular por la Escucha profunda del terapeuta.

Las sensaciones y las emociones no son lo mismo

Pese a que nos referimos tanto a las emociones y a las sensaciones como «sentimientos», las sensaciones pueden describirse como el sentir de los acontecimientos fisiológicos dentro de nosotros. Desarrollar una consciencia de ellas y prestarle atención a sus detalles de manera resuelta ayuda a las sensaciones a cambiar y a salir de un estado fijo para que nos podamos sentir más vivos y alerta.

Las sensaciones simplemente describen la forma física en la que se siente el cuerpo (sus pormenores), libres de interpretaciones y juicios.

Unos cuantos ejemplos de sensaciones son: calor, entumecimiento, frío, apertura, temblor, tranquilidad, nerviosismo, rigidez, agitación, tensión, presión, hormigueo y vibración.

Como destaco anteriormente, éste es el único lenguaje que habla y entiende el cerebro reptiliano. La capacidad para navegar por las sensaciones es en gran medida responsable de los cambios internos que conducen a la transformación.
Recuerda, el trauma reside principalmente en nuestra biología y no en nuestra psicología. Estos cambios internos no se originan con nuestros pensamientos ni nuestras emociones, aunque lo último nos resulte mucho más familiar. Dado que los síntomas principales del trauma son fisiológicos, se deben liberar a través del cuerpo.

Es un enfoque muy diferente al que la mayoría de nosotros estamos acostumbrados. No se encuentra ni en el nivel del lenguaje ni en el de pensamiento, ni siquiera en el territorio de la emoción. Debido a que el cerebro reptiliano es quien asegura nuestra supervivencia y homeostasis, un adulto sabio se hará amigo de esta capa profunda e instintiva de la consciencia. No se requiere de ningún equipo ni gasto. Lo único que es necesario es tiempo, atención e intención. Con un poco de tiempo de tranquilidad y dedicación, este lenguaje puede dominarse fácilmente. Debajo hay algunos ejercicios que te darán una «sensación». Recuerda: dado que el cerebro reptiliano no registra palabras, no puedes aprender su lenguaje sólo con leer sobre él, las sensaciones se deben experimentar.

Cuadro de vocabulario del sentir

  • frío/ tibio/ caliente/ helado
  • revoloteante/ mariposas
  • intenso/ apagado/ comezón
  • tambaleante/ tembloroso/ agitado
  • duro/ suave/ atorado
  • inquieto/ glacial/ débil
  • relajado/ tranquilo/ en paz
  • vacío/ lleno
  • fluido/ extendido
  • fuerte/ ajustado/ tenso
  • mareado/ borroso/ nublado
  • entumecido/ rasposo/ asustadizo
  • escozor/ lloroso/ con piel de gallina
  • ligero/ pesado/ abierto
  • cosquilleo/ fresco/ sedoso
  • quieto/ húmedo/ suelto
  • Nota: observa que las sensaciones son diferentes de las emociones. Describen cómo se siente el cuerpo físicamente.

¿Cómo se inicia cualquier “enfermedad”?

La “enfermedad” se genera por algo muy específico y preciso que el Dr. Hamer definió como shock biológico. Ningún agente externo, ningún sistema unitario débil, ninguna “mala suerte” genética, sino algo que sucede de manera muy precisa. No se trata ni siquiera de estrés genérico, de un estrés psicológico ni un problema emocional. Es el resultado de un shock agudo e inesperado, dramático y experimentado con un sentimiento de soledad.
Este Shock toma a la persona por sorpresa a contra pie, es decir, sucede algo que activa en nuestro organismo una respuesta automática sin que haya tiempo para que la respuesta pueda ser evaluada, meditada por la mente. En este sentido es biológico porque “no hay tiempo” para ser meditado por la mente, por lo tanto, el shock biológico tiene connotaciones muy precisas:

1. Es inmediato e inesperado, esto quiere decir que no hay tiempo para que sea meditado por la mente, no es algo veo venir y para lo cual tengo tiempo de prepararme, me sucede inesperadamente.

2. Es agudo en tanto que sucede en una fracción de segundo.

3. En ese momento la persona se siente aislada, separada del mundo, vive ese instante con un sentimiento de soledad; en esa fracción de segundo esa persona se siente sola ante su shock.

Este tipo se shock biológico es algo que podemos experimentar varias veces en un mismo día. Es importante señalar que el shock no tiene que ser necesariamente dramático ya que es suficiente un pequeño impacto para que se active los programas biológicos.

Aquí está el nuevo paradigma

El concepto de shock biológico, en contraste con el psicológico o emocional, producido por un evento inesperado, es difícil de comprender para nuestra cultura altamente perdida en el hacer que solamente tiene en cuenta aquello que la mente elabora, analiza y organiza.
En esta sociedad moderna hemos perdido la atención y la escucha de la experiencia sensorial directa por lo que para nosotros es más difícil percibir nuestro sentir biológico, no mediado por la mente, aquel que vive del mismo modo un adulto, un adolescente, niño o bebé, incluso dentro del vientre de mamá.

Un ejemplo sencillo que podría aplicarse tanto a adultos como a niños podría ser la siguiente situación hipotética:

Mientras la profesora anuncia un examen sorpresa (suceso, shock), soy consciente de las «mariposas» en mi estómago (sensación, sentir) y se me ocurre que si suspendo este examen suspenderé el curso (pensamiento), lo cual después se convierte en miedo (emoción). La idea de fracaso (pensamiento) puede conducir a un corazón acelerado (sensación), respiración superficial (sensación) y un nudo en la boca del estómago (sensación), lo cual puede generar un ataque de pánico.

De acuerdo a los descubrimientos del Dr.Hamer, los signos y síntomas que constituyen los cuadros clínicos no son fallos o defectos de la naturaleza, sino fenómenos que se han ido programando en los organismos a través de la evolución y que se activan o desactivan brindando la oportunidad de salir adelante cuando se encuentran abruptamente con una situación que conlleva amenaza para su supervivencia. Así mismo, estos programas les permiten segir adaptándose a las condiciones del entorno.

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