¿Has notado alguna vez que vivimos atrapados entre dos mundos? El mundo de lo que necesitamos recordar para funcionar y el mundo de lo que no podemos olvidar y nos causa sufrimiento.

Vamos a explorar uno de los mecanismos más fundamentales de la mente humana, la memoria, pero no como un concepto abstracto, sino como algo que está operando en este mismo instante en tu conciencia. 

Antes de continuar, te invito a hacer algo simple. Piensa en alguna situación del pasado que aún te cause algún tipo de malestar. Puede ser algo que alguien te dijo, una pérdida, una humillación, un miedo. ¿Ya lo tienes?

Perfecto. Ahora observa qué está sucediendo realmente. ¿Está sucediendo esa situación ahora mismo o es solo el recuerdo de algo que ya pasó? Esta simple observación nos lleva al corazón de nuestro tema. La memoria tiene dos funciones completamente diferentes en nuestra vida. Una es absolutamente necesaria. La otra puede convertirse en una prisión. Exploremos primero la memoria funcional.

Cuando aprendes a conducir, a escribir, a preparar tu comida favorita o cuando recuerdas el camino a tu trabajo, estás usando la memoria de manera eficiente y práctica. Esta memoria técnica operativa es indispensable. Sin ella no podríamos funcionar en el mundo. Pero hay otro tipo de memoria que opera de manera muy diferente. Es la memoria adquirida, emocional. Es el almacén de todas las heridas, los placeres, las comparaciones, los miedos, las esperanzas, los resentimientos. Esta memoria no solo registra hechos, sino que los carga de emociones, juicios y significados. Y aquí es donde comenzamos a perdernos.  Esto hace que vivamos en un mundo de inferencias.

 ¿Has observado que cuando realmente prestas atención completa a algo, cuando respondes totalmente a una situación, queda muy poca huella en la memoria?

Es un fenómeno fascinante. Cuando amas sin reservas, cuando escuchas con total atención, cuando vives un momento de belleza intensa, la experiencia se vive tan completamente que no se convierte en una carga para la memoria, porque estamos viviendo desde la mente primordial.

En cambio, cuando vivimos desde la mente adquirida no respondemos completamente a una situación, cuando hay resistencia, miedo o expectativa, esa experiencia incompleta se almacena como una herida abierta en la psique. Se convierte en parte de nuestra identidad, de nuestra historia personal y desde esa historia fragmentaria comenzamos a interpretar toda nueva experiencia. 

Piensa en tus relaciones más cercanas. ¿Cómo respondes a las personas que más amas? ¿Respondes a quien tienes enfrente en este momento o respondes a la imagen, al recuerdo, a la acumulación de experiencias pasadas que tienes de esa persona? Esta es una pregunta profundamente práctica. Porque si estás respondiendo principalmente a tu memoria de alguien, no estás realmente en relación con esa persona, sino con tu propio pasado. 

-La identidad que creemos tener, el yo del que estamos tan seguros. ¿Qué es exactamente? Si examinas cuidadosamente, verás que es una colección de memorias, de experiencias interpretadas, de condicionamientos familiares, culturales, religiosos. Soy una persona tímida. Soy alguien que no puede confiar. Soy exitoso. Soy un fracaso. Todas estas definiciones de nosotros mismos están basadas en el pasado. Pero, ¿quién eres cuando no estás referenciando el pasado? ¿Quién eres en el espacio entre pensamientos? ¿Quién eres cuando no estás contándote la historia de tu vida? Esta no es una pregunta filosófica abstracta. Es algo que puedes investigar directamente en tu experiencia inmediata.

Observa cómo la mente adquirida constantemente está comparando. Esta experiencia es mejor que aquella. Esa persona es más inteligente que yo. Antes era más feliz, el futuro será mejor. La comparación es el movimiento constante de la memoria. Y donde hay comparación, hay inevitablemente conflicto, insatisfacción, la sensación de que algo está faltando. El sufrimiento humano en gran medida, es el resultado de esta actividad incesante de la memoria. No sufrimos por lo que está sucediendo ahora. Sufrimos por nuestra interpretación de lo que está sucediendo basada en experiencias pasadas. 

Sufrimos por la brecha entre lo que es y lo que creemos que debería ser, según nuestros condicionamientos. Cuando pierdes a alguien querido, ¿cuál es realmente la fuente del dolor? ¿Es la ausencia física de esa persona o es el choque entre la realidad presente y todas las memorias, expectativas y apegos que tenías? El dolor es real, pero ¿es necesario que se convierta en sufrimiento prolongado a través del constante retorno mental a lo que ya no es? Esta es una distinción crucial. El dolor es inevitable en la vida humana, pero el sufrimiento, esa prolongación mental del dolor a través de la resistencia, la autocompasión, la búsqueda de culpables, es algo completamente diferente. El sufrimiento es el producto de la actividad de la mente adquirida que no puede aceptar lo que es.

¿Has notado que cuando estás completamente absorto en una actividad que amas, cuando estás totalmente presente, el sufrimiento desaparece? No porque hayas resuelto todos tus problemas, sino porque en ese momento no hay un yo separado creando conflicto con la experiencia. Hay solo la experiencia misma. La pregunta entonces surge naturalmente. ¿Es posible vivir con la memoria funcional intacta, pero libre de la tiranía de la mete adquirida? ¿Es posible recordar el camino a casa, pero olvidar la herida de hace 10 años? ¿Es posible aprender del pasado sin ser prisionero de él?

Esto no puede lograrse a través del esfuerzo o la disciplina. No puedes forzarte a no recordar. No puedes suprimir la mente adquirida través de la voluntad, la cual tiene su funcionalidad. Eso solo crea más conflicto, más resistencia, más material para que la mente adquirida se fortalezca.

La liberación viene a través de la comprensión, no del control. Viene a través de observar sin juzgar cómo opera la mente en tu vida diaria. 

Viene a través de ver claramente la diferencia entre responder desde la mente adquireda y responder desde la mente primordial que es pura Inteligencia fresca del momento presente. 

Cuando observas un pensamiento doloroso del pasado, puedes verlo como lo que es. Solo un pensamiento, una construcción mental, no la realidad presente. Puedes observar cómo la mente inmediatamente quiere identificarse con ese pensamiento, hacer de él parte de tu identidad, justificar emociones basadas en él. La observación pura sin el observador que juzga, compara o trata de cambiar lo observado, tiene un efecto extraordinario. En esa observación sin agenda, la memoria comienza a perder su poder compulsivo. No desaparece inmediatamente, pero deja de ser el dictador de tu experiencia presente.

Puedes escuchar el sonido de tu propia voz interior en este momento. Esa voz que constantemente está comentando, juzgando, comparando, planeando, recordando. Esa es la voz de la mente adquirida. Normalmente estamos tan identificados con esa voz que creemos que somos esa voz. Pero si puedes escucharla, ¿quién es el que escucha? En el espacio de esa observación silenciosa, algo muy diferente puede emerger. Una inteligencia que no está basada en el pasado, una respuesta que es apropiada al momento presente, una manera de ser que no está cargada con el peso de la historia personal.

Esto no significa volverse frío o insensible. Al contrario, cuando no estás filtrado por las defensas y proyecciones de la mente adquirida, puedes responder más auténticamente, más compasivamente, más inteligentemente a lo que la vida te presenta. El amor, cuando está libre de la memoria, no es posesivo. La inteligencia, cuando está libre del pasado, es inmediata y apropiada. La acción, cuando surge de la comprensión presente, es efectiva y sin conflicto interno. ¿Es esto posible para un ser humano ordinario como tú y como yo? No es cuestión de posibilidad, es cuestión de investigación directa. Es algo que solo tú puedes descubrir por ti mismo. Nadie puede dártelo. Ningún método puede garantizártelo. Ninguna creencia puede sustituir tu propia comprensión directa.

Tal vez comiences simplemente notando cuándo estás respondiendo desde la memoria del pasado, la mente adquirida y cuándo estás respondiendo desde el presente mente primordialmente, no para cambiarlo, sino solo para verlo claramente. Tal vez notes cuando tu mente está creando historias sobre lo que está sucediendo, en lugar de simplemente estar con lo que está sucediendo. En esa observación, sin prisa, sin metas espirituales, sin la ambición de llegar a algún estado especial, puede comenzar a emerger una manera completamente diferente de vivir, una manera de vivir en la que la mente sirve a la vida, en lugar de que la vida sirva a la mente.

Y en esos momentos de claridad, cuando la mente está quieta y la inferencia no está generando su ruido constante, algo extraordinario puede revelarse, algo que no tiene nombre, que no puede ser descrito, que no puede ser alcanzado porque ya está aquí. Algo que es más fundamental que todos nuestros recuerdos, más íntimo que todos nuestros pensamientos, más real que todas nuestras historias sobre nosotros mismos. 

Esa realidad sin memoria, esa presencia sin historia, está disponible en cualquier momento. No en el futuro, cuando hayas resuelto todos tus problemas, no en el pasado, en algún momento de iluminación perdido. Aquí, ahora, en este mismo instante, si tienes ojos para ver y oídos para escuchar más allá del ruido de tu propia mente.

La pregunta que surge entonces es inevitable. ¿Qué sucede cuando la mente adquirida deja de ser el centro desde el cual vivimos? No estamos hablando de amnesia o de perder la capacidad de funcionar en el mundo práctico. Estamos hablando de algo mucho más sutil y revolucionario. La posibilidad de que la memoria pierda su autoridad absoluta sobre nuestra experiencia presente.

Observa lo que sucede en tu mente cuando alguien menciona el nombre de una persona que te causó dolor en el pasado. Inmediatamente, sin tu permiso consciente, se activa toda una cadena de recuerdos, emociones, justificaciones, resentimientos. Es como si hubieran presionado un botón y toda una maquinaria se pusiera en movimiento. Pero, ¿quién está operando esa maquinaria? ¿Realmente eres tú quien decide activar esos recuerdos o simplemente sucede de manera mecánica?

Esta mecanicidad de las inferencias de la mente adquirida es lo que nos mantiene prisioneros. Reaccionamos desde patrones establecidos. Respondemos desde guiones escritos en el pasado. Una palabra, un gesto, una situación. Inmediatamente estamos de vuelta en experiencias que ocurrieron hace años, décadas, incluso. Estamos físicamente aquí, pero la menteesta en otro tiempo, en otro lugar. ¿Has notado cómo esto afecta tus relaciones más íntimas? Cuando tu pareja hace algo que te molesta, ¿estás respondiendo a lo que está haciendo ahora? ¿O estás respondiendo a la acumulación de todas las veces anteriores que hizo algo similar? ¿Estás viendo a la persona que tienes delante o estás viendo la proyección de tus propias heridas y expectativas?

La memoria  no solo almacena el pasado, sino que proyecta el futuro. Siempre me hace esto, nunca va a cambiar. Así son todas las personas como él. En un instante hemos tomado una experiencia específica del presente y la hemos convertido en una ley universal basada en nuestro condicionamiento pasado. Este es el mecanismo por el cual creamos y mantenemos nuestro sufrimiento. No sufrimos por lo que está sucediendo, sufrimos por la historia que nos contamos sobre lo que está sucediendo. Y esa historia está completamente condicionada por nuestra memoria psicológica. ¿Puedes ver la ironía?

Tratamos de protegernos del sufrimiento acumulando experiencias, creando defensas, desarrollando estrategias basadas en el pasado. Pero es precisamente esa acumulación la que nos mantiene vulnerables al sufrimiento. Es nuestra propia mente adquirida la que crea las condiciones para que el sufrimiento se perpetúe. Cuando realmente comprendes esto, no intelectualmente, sino visceralmente, algo extraordinario comienza a suceder. Empiezas a ver que no eres víctima de tus circunstancias, sino que eres el autor inconsciente de tu propia experiencia a través del filtro de tu memoria y sus inferencias. 

Esta comprensión no te hace responsable del pasado, pero sí te hace responsable de tu respuesta al pasado en el presente. Y esa es una responsabilidad tremendamente liberadora, porque significa que tienes la capacidad de cambiar fundamentalmente tu relación con tu propia experiencia.

Pero, ¿cómo se ve esto prácticamente? No es cuestión de técnicas o métodos, es cuestión de una atención muy particular,  es estar en Presencia Biodinámica, es una atención que no está tratando de lograr algo, que no está buscando un resultado, que simplemente observa lo que está sucediendo en la conciencia momento a momento. Cuando surge un recuerdo doloroso, en lugar de inmediatamente identificarte con él, creando una historia sobre por qué surgió, justificando las emociones que trae consigo o tratando de suprimirlo, puedes simplemente observarlo como observarías una nube pasando por el cielo. Puedes verlo como un fenómeno que está ocurriendo en la conciencia, pero que no eres tú.

Esta capacidad de observación desidentificada no es algo que desarrollas gradualmente a través de la práctica. O está presente o no está presente. Es una comprensión súbita, una percepción directa de que tú no eres tus pensamientos, tú no eres tus recuerdos, tú no eres tus historias. Estos son contenidos que aparecen en la conciencia, pero la conciencia misma es algo completamente diferente. 

¿Y qué es esa  presencia conciencia? No puedes describirla porque cualquier descripción sería otro contenido mental. No puedes alcanzarla porque no está separada de ti. No puedes desarrollarla porque ya está presente. Solo puedes reconocerla. Y ese reconocimiento transforma inmediatamente tu relación con todo lo que surge en ella.

Desde esa perspectiva, la memoria sigue funcionando, pero ya no tienes que creer todo lo que te dice. Los pensamientos siguen surgiendo, pero ya no tienes que identificarte con cada pensamiento. Las emociones siguen apareciendo, pero ya no tienes que ser prisionero de cada emoción.

Esto no significa volverse insensible o desconectado. De hecho, es exactamente lo opuesto. Cuando no estás perdido en el drama de tu historia, puedes estar mucho más presente a lo que realmente está sucediendo. Puedes responder a la vida desde una inteligencia fresca, no desde reacciones condicionadas por el pasado.

¿Has experimentado alguna vez un momento de completo silencio mental? No el silencio forzado de la concentración, sino el silencio natural que surge cuando la mente simplemente se aquieta por sí sola. En ese silencio desapareces tú o al contrario, estás más presente que nunca. En esos momentos de silencio natural, la mente no está generando su constante comentario. No hay un yo separado creando problemas con la experiencia. Hay simplemente experiencia pura, sin el filtro de la interpretación pasada. Y en esa experiencia pura hay una calidad de paz, de completitud que no depende de ninguna circunstancia externa. Esta paz no es lo opuesto del conflicto. No es algo que logras después de resolver todos tus problemas. Es algo que está presente en el fondo de toda experiencia, pero que normalmente está velado por la actividad incesante de la mente adquirida. Cuando ves esto claramente, tu relación con el sufrimiento cambia radicalmente. El sufrimiento sigue pudiendo aparecer, pero ya no te define. Ya no es tu sufrimiento, es simplemente sufrimiento apareciendo en la conciencia. Y cuando no hay un yo aferrándose al sufrimiento, manteniéndolo vivo a través de la resistencia y la identificación, tiende a moverse a través de la conciencia y disolverse naturalmente.

¿Es esto disociarse? ¿Es una forma de evitar las realidades difíciles de la vida? Exactamente lo contrario. Cuando no estás perdido en los dramas de tu mentee, puedes ver las situaciones mucho más claramente, puedes responder más efectivamente, puedes amar más incondicionalmente, puedes vivir más auténticamente.

La pregunta final que queda es, ¿estás dispuesto a investigar esto por ti mismo? No como una creencia, no como una filosofía, no como otro concepto espiritual para agregar a tu colección, sino como una investigación viva momento a momento de tu propia experiencia directa, porque al final nadie puede darte esta libertad. Ningún maestro, ningún método, ningún libro, ninguna técnica puede liberarte de la tiranía de tu propia mente adquirida. Solo la luz de tu propia comprensión, aplicada con paciencia y honestidad a tu propia experiencia puede revelar lo que ya está libre, lo que nunca ha estado atado, lo que es más fundamental que todos tus recuerdos y más íntimo que todos tus pensamientos. Esa comprensión está disponible ahora. No necesitas prepararte para ella. No necesitas ser más espiritual, más inteligente, más evolucionado. Solo necesitas estar dispuesto a mirar, realmente mirar lo que está aquí en este momento sin las gafas de tu mente con sus inferencias. En esa mirada directa, en esa atención pura, la memoria encuentra su lugar correcto como una herramienta al servicio de la inteligencia presente, no como el tirano que dicta cada respuesta. Y en esa libertad, la vida se vuelve una continua revelación de frescura, creatividad y amor incondicional.

La transformación de nuestra relación con la mente no es un evento que sucede una vez y permanece para siempre. Es algo que debe ser redescubierto momento a momento, porque la tendencia a la mente a volver a sus patrones habituales es extraordinariamente fuerte. Es como si hubiera un imán gravitacional que constantemente nos atrae de vuelta al mundo conocido de la memoria de lo conocido. ¿Has observado como, incluso después de momentos de gran claridad, la mente gradualmente vuelve a sus preocupaciones familiares? Es fascinante y humillante a la vez. Puedes tener una comprensión profunda sobre la naturaleza ilusoria del yo construido por la memoria y 5 minutos después estar completamente perdido en algún drama mental sobre algo que sucedió la semana pasada.

Esto no es un fracaso, es simplemente la naturaleza del condicionamiento humano. Durante décadas hemos fortalecido ciertos patrones neurológicos, ciertas autopistas mentales. No es sorprendente que esos patrones tengan una tremenda inercia. La pregunta es, ¿cómo nos relacionamos con esa inercia? Si nos frustramos con la persistencia de los viejos patrones, estamos nuevamente alimentando la memoria con más material. Debería estar más presente. Ya debería haber superado esto. Otros son más espirituales que yo. Todas estas son nuevas capas de condicionamiento, nuevas formas en que la memoria se perpetúa a sí misma, incluso en el nombre del crecimiento espiritual.

Puedes ver la astucia de la mente. Incluso el deseo de liberarse de la memoria puede convertirse en otra forma de memoria. El yo espiritual que quiere estar iluminado puede ser tan tiránico como cualquier otro aspecto del ego. De hecho, puede ser más sutil y, por lo tanto, más difícil de detectar.

Esto nos lleva a una comprensión crucial. La liberación de la mente no puede ser un proyecto del ego. No puede ser algo que tú logras para ti mismo. Porque ese tú que quiere lograr la liberación es precisamente la construcción de la memoria psicológica de la que aparentemente quieres liberarte. Es como tratar de salir de la prisión usando las llaves de la prisión. Como tratar de ver tus propios ojos sin un espejo. El instrumento que quieres usar para la observación es parte de lo que necesita ser observado.

Entonces, ¿qué? ¿Estamos condenados a permanecer prisioneros de nuestra propia memoria ?

 No necesariamente. Pero la salida no está donde la mayoría de la gente la busca. 

No está en hacer algo, sino en parar de hacer algo. No está en agregar algo a tu experiencia, sino en ver lo que ya está presente cuando dejas de agregar. Cuando realmente comprendes que no puedes forzar tu camino fuera de la memoria, algo muy interesante sucede. Te relajas, dejas de luchar contra tu propia mente y en esa relajación, paradójicamente se abre un espacio que no estaba disponible mientras estabas luchando.

Es como cuando tienes algo en la punta de la lengua, pero no puedes recordarlo. Mientras más te esfuerzas por recordar, más elusivo se vuelve. Pero cuando te rindes y dejas ir la búsqueda, a menudo la respuesta aparece espontáneamente. La memoria tiene sus propios ritmos, sus propias maneras de funcionar que no pueden ser forzadas. En el contexto de la memoria, esta misma dinámica opera, pero a un nivel mucho más profundo. Cuando dejas de tratar de liberarte de tus patrones, cuando dejas de resistir tus propios condicionamientos, se crea un espacio de aceptación en el que algo nuevo puede emerger. Esta aceptación no es resignación, no es decir, bueno, supongo que siempre voy a estar condicionado, así que mejor me acostumbro. Es una aceptación mucho más inteligente y activa. Es el reconocimiento de que luchar contra lo que es solo fortalece lo que es. Es como luchar contra la arena movediza. Mientras más te resistes, más te hundes.

¿Pero qué significa aceptar tus condicionamientos sin rendirte a ellos? ¿Cómo puedes no resistir tus patrones destructivos sin permitir que te controlen? Esta es una distinción muy delicada, pero absolutamente crucial. Cuando surge un patrón de memoria, digamos, un ataque de celos, una ola de autocompasión, una explosión de ira, puedes observarlo con curiosidad genuina en lugar de inmediatamente identificarte con él o luchar contra él. 

Puedes preguntarte, ¿qué está sucediendo aquí exactamente? ¿Cómo se construye esta experiencia momento a momento? En esa observación curiosa, sin agenda, algo muy sutil, pero poderoso está sucediendo. No estás alimentando el patrón con resistencia, pero tampoco te estás identificando con él. Estás creando lo que podríamos llamar espacio consciente alrededor del patrón. Y en ese espacio el patrón puede seguir su curso natural sin crear las ondas secundarias de conflicto y autorecriminación que normalmente lo acompañan. Es como la diferencia entre ser arrastrado por una corriente de agua y observar esa corriente desde la orilla. La corriente sigue fluyendo, pero tú no estás perdido en ella. Mantienes tu perspectiva.

Esta capacidad de crear espacio consciente alrededor de los contenidos de la mente es quizás la habilidad más importante que un ser humano puede desarrollar, pero la palabra desarrollar es engañosa porque implica que es algo que no tienes y que necesitas adquirir. En realidad es algo que ya está presente, pero que normalmente está oscurecido por la identificación constante con los contenidos mentales. ¿Recuerdas algún momento en tu vida cuando estuviste en una crisis genuina? Cuando todo lo que creías sobre ti mismo fue puesto en duda? Tal vez una pérdida devastadora, una enfermedad seria, una traición profunda. En esos momentos extremos a menudo sucede algo extraordinario. Las estructuras familiares del ego se tambalean y por un momento puedes ver más allá de ellas. En esos momentos de crisis, cuando la memoria pierde temporalmente su certeza sobre quién eres y cómo debería ser la vida, se puede abrir una ventana a una dimensión de la experiencia que normalmente está oculta. Una dimensión que no depende de tus historias sobre ti mismo, que no está construida de recuerdos, que no puede ser amenazada por las circunstancias externas.

Por supuesto, la mayoría de la gente, tan pronto como es posible, se apresura a reconstruir sus estructuras familiares del ego. Es comprensible, vivir sin las referencias conocidas de la identidad puede ser aterrador. Pero algunas personas reconocen que lo que vislumbraron en esa crisis era más real, más fundamental que las construcciones que habían tomado por su verdadero ser. 

No tienes que esperar a una crisis para acceder a esa dimensión. 

Está disponible en cualquier momento cuando hay una rendición genuina de la necesidad de que tu experiencia sea diferente de lo que es. Cuando dejas de tratar de mejorar tu experiencia presente basándote en memorias de experiencias pasadas mejores o fantasías de experiencias futuras mejores. Puedes estar con tu experiencia tal como es ahora mismo, sin compararla con nada. Puedes estar presente a este momento sin inmediatamente evaluar si es mejor o peor que otros momentos que has tenido. Esta capacidad de estar presente sin comparar es la muerte de la memoria como autoridad suprema, porque la memoria vive de la comparación. Sin la constante referencia al pasado para evaluar el presente, sin la proyección hacia el futuro para escapar del presente, la memoria pierde su poder compulsivo. Sigue funcionando cuando es necesaria, pero ya no es el filtro automático a través del cual se interpreta toda experiencia.

Y cuando la memoria ya no está dirigiendo el espectáculo, ¿qué queda? No la nada. ¿Cómo podría temer la mente? Queda algo mucho más vasto, mucho más íntimo, mucho más inteligente que cualquier construcción de la memoria. Queda la vida misma, no filtrada por interpretaciones pasadas, no limitada por expectativas futuras, sino viva, fresca, impredecible, infinitamente creativa. En esa frescura, cada momento es una nueva oportunidad de responder desde la inteligencia presente, en lugar de reaccionar desde patrones pasados. Cada encuentro con otra persona es una oportunidad de verla realmente, no a través del velo de tus proyecciones y memorias. Cada desafío es una oportunidad de descubrir recursos en ti mismo que no sabías que existían.

La Presencia Biodinámica® no es una teoría , es la posibilidad más práctica y revolucionaria disponible para cualquier ser humano. La posibilidad de vivir con creatividad en lugar de compulsión, con amor en lugar de miedo, con inteligencia en lugar de condicionamiento. Y todo esto está disponible ahora, no en algún futuro cuando hayas perfeccionado tu práctica espiritual, no cuando hayas resuelto todos tus problemas psicológicos, sino aquí, en este momento, en la simple capacidad de observar lo que está sucediendo en tu conciencia, sin inmediatamente crear una historia sobre ello basada en tu memoria del pasado.

Amor

Carles Company. Presencia Biodinámica® 

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