SOLTAR, DEJAR IR.

Cuando preguntamos ¿qué debo hacer? En verdad sabes que estamos preguntando.  ¿ cómo puedo controlar esto?  El antídoto para este tipo de pregunta intencional es dejar ir. ¿Cómo dejar ir, soltar? Esto se vuelve complicado, porque el esfuerzo por soltar es en sí un a acto intencional. Es probable que todos hallamos tenido la experiencia de intentar soltar o rendirse. Que curioso, intentar y rendirse son conceptos mutuamente excluyentes. Mientras lo intentamos no hay soltar, dejar ir. 
Llegamos a un punto en que todas las técnicas desaparecen. Nuestras técnicas no servirán de nada. Llegara un momento en el que nos demos cuenta de que no hay nada que pueda hacer para soltar, no hay nada que pueda hacer para rendirme. Y sin embargo, la rendición y el soltar son absolutamente necesarios para despertar y expandirnos. 
Llegados a este punto, lo importante es admitir este hacho, no hay nada que yo pueda hacer. Darse cuenta plenamente de esto, admitirlo es en si mismo el acto definitivo de soltar, el acto de abrir el puño, la apertura del sentido del yo. 
Para qué esto ocurra, hay que darse cuenta que no podemos hacerlo de ninguna manera.
Como seres humanos lo único que podemos hacer es ver que estar apegado es inútil, todo intento de apegarse es una forma velada de rechazar lo que somos realmente. Despertar a este plano exige afrontar y soltar lo que llamo la voluntad personal, la parte de nosotros que dice: ” esto es lo que quiero, se lo que necesito ”   En última instancia, la voluntad personal es una ilusión, y por eso es tan frustrante cuando la tratamos de usar para controlar. Por supuesto , esto suele generar miedo en nuestro sentido del yo, que sólo puede interpretar el soltar la voluntad personal como algo traumático. Hay miedo. Pensamos que si dejamos ir la voluntad personal nunca conseguiremos lo que creemos necesitar. Esto sólo son pensamientos. En realidad la voluntad personal no existe.
Cuando muestra voluntad personal se rompe, una fuerza completamente diferente entra en nuestro sistema. Cuando decimos un sí simple y sincero a la vida, un si a la muerte, un si a la transparencia, ya no hay más lucha. El fluir se convierte en la manera de navegar por la vida, lo que nos lleva por la vida: no los conceptos, ni las ideas, no lo que deberíamos o no deberíamos hacer, no lo que es correcto o equivocado. Llegando a ver que fluir en sí mismo siempre es asombroso. Es la expresión de presenciar el movimiento de la vida, que llamo presencia biodinámica, de la unidad dirigiendo nuestra existencia de manera curativa y amorosa. 
Amor
Carles