CONFÍA

Confiar es algo que no tenemos que aprender sólo recordar, recordar que cuando bebés éramos plena confianza. Nadie nos enseñó a confiar, más bien justo lo contrario, se nos enseñó (y muy bien por lo que parece) que teníamos que desconfiar, desconfiar de las sensaciones que sentíamos, empezando por ponerle nombre para saber, saber para controlar. ¡Qué círculo tan difícil de tomar conciencia de él!

De bebés aceptamos la forma de este momento tal como es, no hay resistencia a lo que está sucediendo. Como ¨adultos¨ ofrecemos resistencia a lo que es, y curiosamente “lo que es” es la vida y resistirnos contra la vida es una locura.
Teníamos una relación abierta con el ahora, confiando en lo que estaba ocurriendo, dicho de otro modo, estábamos alineados con la vida y ésta es la práctica espiritual más simple: continuo alineamiento con la forma que toma el momento presente. Aceptando lo que es, si la acción es necesaria surge desde el lugar de no-separación, éste es el actuar si estamos alineados con la vida, donde las acciones son mucho más eficaces, siendo proactivas y no viniendo de ninguna reacción. Esto es demasiado simple para la mente que quiere una receta para confiar: tienes que tomar 15 clases de tres meses para poder confiar, si te esfuerces lo conseguirás… Esto es lo que le gusta a la mente, y la confianza no requiere tiempo para aceptar este momento como si lo hubieses elegido, no necesitas tiempo. No se puede discutir con lo que es, es una locura discutir, el árbol, la flor, el animal,…, la naturaleza no discute con lo que es, confía como nosotros confiábamos, pero hemos perdido la alineación con la vida, que es el estado natural.

Si aceptamos la forma que toma este momento interiormente se abre un espacio que es lo que somos, espacio para lo que sucede, espacio para cada situación, para cada sufrimiento y, de repente, vemos que sí podemos llevar esta dimensión a este mundo que permite ser, que no juzga lo que es, esta ausencia de juicio. La ausencia de este nombrar las cosas involuntariamente es a lo que yo llamo Presencia Biodinámica, decir sí al momento presente, no sólo mentalmente, un sí abierto a la vida. Entonces puedo sentir por debajo lo que no tiene forma, quién soy, que no tiene nada que ver con mi historia personal. Lo siento como una ¨presencia¨, un espacio en el cual se está desplegando el momento presente, sonidos, el aire soplando, el sol por la ventana, las sensaciones del cuerpo, los dedos sobre el teclado,… Presencia Biodinámica: una alerta espaciosa.

La mayoría de la gente en la práctica busca un objeto, y así te pasas años de práctica para la confianza, que siempre es ahora y sólo puede surgir del espacio.
No me estoy refiriendo a confiar en que esto cambie hacia donde yo espero, esto no es a lo que me refiero con confiar. Confiar sólo puede darse en este espacio que estamos hablando, no al pensar en él. El estado de alerta más allá de los pensamientos crea el espacio, que es la esencia para todo. No puedo confiar en… puedo Ser Confianza.
Confiar sin condiciones de en qué confiar, como cuando bebés de un año que no interpretan, pero con un saber de adulto que el bebé no tenia todavía.

La práctica es “la práctica del momento”, nada más. Las formas son recibidas con un sí vacío, te vuelves el espacio donde todas las formas emergen en este momento, es la liberación de pensamientos, que también son formas, y entonces la vida se vuelve equilibrada y estás viviendo en dos dimensiones: una, la dimensión del mundo de la forma de los pensamientos que es de donde viene el sufrimiento (y no de la situación, que siempre es neutra) y que el juzgarla por el pensamiento produce sufrimiento;
y la otra, la del espacio de donde surgen todas las acciones, todas las formas.

Podemos vivir es este equilibrio entre las dos dimensiones y el mundo deja de ser hostil, no es amenazador como lo experimenta la mayoría de la humanidad al decir NO a la forma que toma el momento presente. Si el estado de consciencia cambia, cambia el mundo que es un reflejo de él.

AMOR
Carles