Conversando de crianza.

P.-Y, como padres y madres, ¿hay alguna manera de educar a los hijos a no identificarse con la personalidad, la separación?

R.-Hasta cierta edad el niño mira constantemente a través de vosotros para realizarse el sí mismo en el mundo. Así que si sois libres, pues es vuestra libertad la que constituye la enseñanza. El modo en que se comportan los padres o personas cercanas es fundamental. Las cosas no sirven de nada decirlas, sino sólo ser coherentes en el vivir en tu modo de comportarte. La autoridad real nunca es autoritaria. Viene de la sabiduría impersonal, no de la personalidad.

El niño entiende que no hay repetición, no fijéis nunca una experiencia y dejarle estar siempre investigando, que cada acontecimiento se afronte de una manera nueva. Esto quiere decir que no tratéis a vuestro hijo como algo definido, un niño, sino que a cada momento os enfrentéis con su totalidad. Nunca le comparéis con otro. Si te identificas con tu personaje de padre o madre y a tu hijo como hijo, él se sentirá apresado aunque puede que no sepa por qué se siente de esta manera. Debe haber un encuentro entre madre o padre e hijo. Si nadie está por encima de nadie no hay padre, ni madre, ni hijo. Sólo hay amor.

P.-¿Cómo puedo educar a mi hijo de manera que no haya repetición?

R.-Donde hay imaginación no hay repetición. Hasta la edad de seis o siete años, debe ponerse énfasis en la parte derecha del cerebro. Esta es la parte del sentimiento, la sensación global y la intuición. El niño debe permanecer en la pintura, el juego, la danza, etc. La analítica izquierda del cerebro puede desarrollarse más tarde con esto como fondo.

P.-¿Cómo educar a un niño en el conocimiento de que la conducta codificada es tan sólo una transición?

R.-Debes estar libre tú mismo de la conducta codificada. Nunca impongas restricciones a una situación. Naturalmente, la situación puede imponer sus propias restricciones funcionales, pero estas restricciones no proceden de una idea, vienen de tu visión total, de una inteligencia plena.

Un niño aprende esto por primera vez de su núcleo familiar. Cuando los sentimientos, acciones y pensamientos de los padres son coherentes el niño espontáneamente imita su conducta correcta.

Amor

Carles