El último deseo.

Aquello que verdaderamente anhelamos no es nunca un objeto o una persona. Si un objeto o una persona fueran realmente la fuente del amor o la felicidad, una vez alcanzados continuarían  proporcionándonos la felicidad y el amor que buscábamos, ¡de hecho terminaría la búsqueda! Pero todos sabemos bien que los objetos y personas que una vez parecieron proporcionarnos felicidad y amor, pueden convertirse con mucha facilidad en la fuente de la infelicidad. 

 Lo que deseamos realmente es vernos liberados del estado de tensión y agitación en el que el cuerpo-mente está involucrado tanto tiempo y que, aparentemente, ha velado el amor y felicidad que está siempre presente dentro de nosotros. Así pues, anhelamos el fin del anhelo, deseamos el fin del deseo. En realidad, tan solo deseamos la paz, la felicidad y el amor, que son nuestra verdadera naturaleza. 


Todos los deseos son el deseo de regresar a quiénes somos, que es aquello de lo que parece que nos hayamos extraviado.

Amor

Carles